El cirujano plástico resulto ser un octogenario de los más agradable, amigo de las nuevas tendencias (células madre y facebook) y resultó que también escribe. Me arrancó 8 tumorcitos diminutos del cuello, excavó para sacar tres de la espalda y después me dijo, mientras los ponía en un frasquito para anlizarlos: acá va la colección primavera verano.
Resultó que el doctor había publicado una novela y antes de que me fuera la sacó de la valijita esa en la que lleva los elementos de tortura -y belleza, porque viene a ser los mismo-, la puso sobre el escritorio como quien no quiere la cosa y me la terminó vendiendo.
El dermatólo ya me había advertido: todo te entra por tu obra social pero el cirujano seguro de alguna forma algún mango te va a sacar. No me sacó; Yo Quise.
Divorciada, madre y para completar: ¡hija, hermana y cuñada!
Desconcertada, con el tiempo del mundo en sus manos... y nadie a quien contarle.
jueves, 4 de octubre de 2012
La gordura todo lo estira
Junto con el agrandamiento del acopladito (culo, para los íntimos) se me venían agrandando unos tumorcitos bastante asqueros en la espoalda. Finalmente tomé coraje y partí al dermatólogo que, adespués de revisarme la espalda y decretar que había que sacar los tumorcitos, a los que bautizó no sé qué -porque no entendí- pendulares, me revisa un lunarcito rarito en la sien y lo primero que me dice es: ni una arruga tenés desgraciada (es que el dermatólogo está un poco loco y no solo te toma el pelo y te insulta mientras te atiende sino que además te cuenta anécdotas inverosímiles sobre él, sus pacientes y colegas, cosa que uno agradece la verdad porque hace más fácil sacarse la ropa y dejar a la vista las ondulaciones que el médico tiene el tacto de no andar mirando), y justo cuando yo empezaba a esbozar mi amplísima sonrisa va y agrega: por la gordura es, la gordura te estira todo.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Otra vez el fantasma del traje de baño
Primavera otra vez! Noooo! y no es que no me guste el cosquilleo que producen las hormonas primaverales, al contrario, tal incentivo sensorial me rejuvence, por dentro, porque por fuera el invierno me dejó esta imagen que ahora me devuelve el cretino del espejo ¿quién es esa señora gorda?, yo no, encima me corté el pelo así que a la cabeza redondita le sumo cara redondita y ya está: la luna en el espejo, alumbrándome un verano a la sombra, escondida en la casa para que no me vean las ondulaciones que deja al descubierto la remerita al cuerpo no me quiero imaginar las otras cuántas que no va a cubrir la malla.
Más vale que me ponga a dieta si quiero que mis hormonas es encuentren con otras hormonas rejuvenecidas y masculinas, preferentemente con barba, morochitas y sin compromiso, si no, bueno, vamos viendo, total no creo que quiera volverme a casar.
Más vale que me ponga a dieta si quiero que mis hormonas es encuentren con otras hormonas rejuvenecidas y masculinas, preferentemente con barba, morochitas y sin compromiso, si no, bueno, vamos viendo, total no creo que quiera volverme a casar.
domingo, 1 de julio de 2012
Todo en orden
Todo en orden: el pibe y la piba matándose todo el día, hasta que yo intervengo, entonces se ponen de acuerdo, en mi contra, por supuesto.
Todo en orden: mucha dieta y pocos gramos bajados.
Todo en orden: ardo por un casado más joven que yo, es negro e intenso como la noche, él ni me mira, así que sufro como una Magdalena, en fin, al menos me recuerda que no soy frígida.
Todo en orden: madre cumplió años y después de decirme que era hermoso el bolso -carísimo- que le compré, fue y lo cambió por una horrible cartera en bandolera de esas que usan las adolescentes; con lo que le sobró compró una hermosa billetera -para mi hermana la soltera, no para mí-.
Todo en orde: el médico sigue insistiendo en que soy bipolar, estuve buscando en internet de qué se trata esto de ser B. y parece que entre otras cosas soy promiscua, ¿será por eso que me calienta el casado? No sé, yo por las dudas sigo con la literatura ...y como todo está en orden :
Todo en orden: mucha dieta y pocos gramos bajados.
Todo en orden: ardo por un casado más joven que yo, es negro e intenso como la noche, él ni me mira, así que sufro como una Magdalena, en fin, al menos me recuerda que no soy frígida.
Todo en orden: madre cumplió años y después de decirme que era hermoso el bolso -carísimo- que le compré, fue y lo cambió por una horrible cartera en bandolera de esas que usan las adolescentes; con lo que le sobró compró una hermosa billetera -para mi hermana la soltera, no para mí-.
Todo en orde: el médico sigue insistiendo en que soy bipolar, estuve buscando en internet de qué se trata esto de ser B. y parece que entre otras cosas soy promiscua, ¿será por eso que me calienta el casado? No sé, yo por las dudas sigo con la literatura ...y como todo está en orden :
Los bipolares son promiscuos
—Los bipolares son promiscuos.
Esa fue la sentencia, pronunciada por mi analista una tardecita pegajosa y dulzona
del mes de abril. Al principio me había resistido,
negado y, después de un par de meses de
seguir sus instrucciones, como me sentía bien, abandonaba el tratamiento sin
decirle nada al psiquiatra, al que seguía visitando y mintiéndole. Pero con los
años, después de varias recaídas, me había entregado y, cada noche, tomaba la
pastillita blanca y también la anaranjada. La blanca para no hundirme, la
anaranjada para no volar. Ahora trataba de ver mi vida a través de la
sentencia, se puede decir que la revisaba minuciosamente con ojos bipolares:
los llantos, los accesos de ira y los amantes.
Los bipolares somos promiscuos. ¿Entonces no me enamoré todas esas veces?
¿Entonces, no estoy enamorada de él? ¿No muero de deseo por él?
Justo ahora, no hago más que pensar en la cópula:
él arriba; él un látigo. Me acuesto solo para pensar en la cópula, cierro los
ojos y lo imagino a él sobre mi cara; y me mojo. No me toco, me limito a sentir
el líquido tibio resbaloso y el hormigueo acuciante, parlante: “tocate, tocate”. Pero no, si no me toco prolongo la fantasía y
la calentura.
—Son nada más que procesos químicos, en su caso,
alterados por un exceso de dopamina, Fanny, ya se lo he explicado. No deje la
medicación.
—No.
—Los bipolares son mentirosos.
Otra más, la segunda condena a cadena perpetua,
todo lo que digo es puesto en duda, mirado bajo la lupa, desarticulado y cada palabra
convertida en un Aleph.
Quiero que me
coja, y lo hace. En mis fantasías, cada noche me dice muñeca y me besa.
La lengua durísima se mete entre mis dientes y viborea. Se enreda en mi lengua.
Después me dice me volvés loco y me lleva la
mano hasta su verga hinchada bajo el pantalón. ¿Ves? Me dice, me volvés loco.
Lo que no entiendo es por qué la fantasía se corta justo ahí, no puedo resolver
el tema de cómo pasamos a una cama porque el beso es en el parque bajo la luna
amarilla y roja de octubre. Es mi fantasía, debería ser fácil resolver el problema,
por ejemplo subirnos a su moto, pero mi pelo se enredaría además está el tema
de la tierra, en fin, en la moto no. Un auto entonces, pero el mío me delataría,
él no tiene y todo el mundo sabe que los
taxistas son indiscretos.
—La delatarían
—Sí, la patente, la gente se darían cuenta, me
verían entrar al hotel y sabrían; o el taxista, se lo diría a cada pasajero que
subiera y a los otros taxistas, ¿sabés a quién llevé hasta el telo?
—¿En una cuidad de doscientos mil habitantes?
—Todo el mundo me conoce a mí.
—Todo el mundo. ¿Qué mundo?
—Todo, doctor, todo.
—Es su fantasía Fanny.
—Ya sé, ya sé pero no me cierra y se desvanece.
—En su cabeza, Fanny, puede pasar lo que usted
quiera.
—Lo quiero arriba loco y ciego como en las
novelas.
—¿Por qué cómo en las novelas?
—Porque en las novelas los hombres son como deberían ser.
—¿Y cómo es eso?
—Como deberían, usted es hombre debería saberlo,
pero no, ustedes ni siquiera saben cómo deben ser.
Así que lo siguiente, si pidiese llegar del
banco del parque hasta la cama, sería él sobre mí, loco y ciego, balbuceando
que lo vuelvo loco y yo concentrada en que le llevo diez o doce años y seguro
que su mujer es más joven y más linda que yo y otra vez se desvanece esa cara
oscura y esos dientes que asoman soberbios cuando se ríe y sus ojos de fuego
negro.
—¿No ha pensado, Fanny, que tal vez no desea
realmente lo que cree desear?
—Yo sé que quiero que me coja.
—Coger, interesante expresión para una mujer
—¿Qué esperaba, que dijera hacer el amor?
—¿Por qué no?
—Porque lo que quiero es que me coja.
—Coja.
—Sí, coja.
—Muy bien, dejamos acá. Quédese con la palabra coja y también piense: ¿por qué si usted es la
autora de su fantasía no puede concretarla?
—Ya le dije, el problema con llegar desde el
parque hasta la cama.
—Dejamos acá Fanny.
Fanny dejamos acá, es lo único que saben decir,
no saben hacer otra cosa, son especialistas en crear intrigas, en plantear
acertijos indescifrables, si pudiera descifrarme no le pagaría una fortuna al
mes para que me descifre o por lo menos
colabore desenredando la madeja.
Me salteo el problema de cómo llegar a la cama,
ya estamos allí, parados junto a una cama, la de un hotel y lo estoy besando.
Le sostengo la cara donde ha comenzado a asomar una barba dura que cuando él
bese mis muslos me raspará la piel, que cuando él acaricie y mordisquee el
clítoris se hincará en mis labios abiertos como pétalos, como ostras. El
clítoris: una perla, el tesoro del pirata. Pero ahora el problema se trasladó a
la ropa
—¿Y lo del el auto?, logró resolverlo por lo que me dice.
—En realidad no, me salté esa parte y fui
directamente a la habitación.
—Bien y entonces.
—Sacarse la ropa es un lío. No es sensual, no
es romántico.
—Saltéeselo también.
—No puedo.
Lo beso en la boca esa boca áspera y voy
desabotonando la camisa. Voy bajando con la lengua, mojándole el vello del
pecho tatuado, me excita el tatuaje hasta que lo miro, me aparto unos
centímetros y veo las iniciales de su mujer y su hija.
—Es casado.
—Por supuesto.
—¿Por supuesto?
—Claro, un soltero me comprometería, se
enamoraría perdidamente de mí y querría que abandonara a mi marido.
—Entiendo. Estábamos desabotonando la camisa.
—¿Quién puede seguir descendiendo hasta el
bulto caliente que despide ese calor, ese olor,
si ve un tatuaje con las iniciales de una mujer?
—¿Entonces?
—La fantasía desaparece y volvemos al punto del
auto. ¿Cómo llegamos desde el banco de la plaza -desde ese rincón oscuro donde
él mete la mano bajo mi falda-, hasta el hotel, en una cuidad donde me conoce
todo el mundo.
—Dejamos acá Fanny, piense en esto: a mí me
conoce todo el mundo.
Me acuesto, son las diez de la mañana pero no
me importa, necesito acostarme y cerrar los ojos para verlo; bailamos. Estamos
en una fiesta, un despedida, un aniversario, no sé, una fiesta con música lenta
y bailamos. Me muestro tímida y apenas apoyo las manos sobre su hombro, las
apoyo como si en lugar de dedos, en la mano tuviera mariposas. Él me dice no te
animás ni a tocarme, yo le digo no seas tonto, él ajusta el brazo alrededor de
mi cintura y me dice ¿ves? No me puedo acercar, no muerdo, a no ser que me lo
pidan; yo le digo no seas tonto; él me dice no voy a besarte, a no ser que vos
quieras. Quiero. ¡Quiero! Pero no se lo digo y encima bajo los ojos ¿Le
gustarán las tímidas, o las zorras, si me equivoco lo voy a espantar y no
quiero que se espante, no quiero que se
aleje quiero que me bese. Como en la novela de la noche, así, con toda la boca
cubriendo mi boca, murmurando su deseo enloquecido, quitándome el aire. Pero
bajé los ojos y lo alejé
—¿Por qué bajó los ojos Fanny?
—Porque las heroínas del matiné bajaban los
ojos.
—¿Y el héroe?
—El héroe la toma por la barbilla y la besa.
—Entonces…¿Por qué en su fantasía él se aleja?
—Es joven, no conoce a las heroínas del matiné.
—Ya hemos hablado de esto Fanny, es SU fantasía;
ocurre lo que usted quiera que ocurra.
—Pero en el momento en que la tensión de su
brazo en mi cintura cede levanto los ojos y lo invito, con sutileza, y él se
acerca, puedo sentir su aliento sobre mis labios, huele bien, una mezcla de caramelo
de menta y tabaco que me gusta. Le aspiro el aliento con los ojos cerrados,
entonces siento sus labios apoyarse en los míos, moverse lentamente sobre los
mío. Asomo la lengua y rozo sus dientes donde su lengua viene asomando y entra
en mi boca, abarcándola, la invade toda, no puedo respirar, sus labios me cubren
la cara y su brazo es un aro de hierro que inmoviliza mi cintura y mi cuerpo
entero contra su cuerpo flaco, fibroso. Mi vulva palpita contra su verga que
también palpita, mis flujos pringosos resbalan fuera de mí, los siento mojando
mis labios que sé están abiertos, y ahora ¿Dónde hay una cama en una fiesta?
¿Ve usted? ¿Eso de hacerlo parados contra un árbol funciona solo con las flacuchas.
—¿Cuándo va decirme de qué hombre se trata,
Fanny?
—No sé.
—Dejamos acá Fanny, piense por qué el objeto de
su deseo no puede nombrarse.
—No es objeto es hombre.
—Un hombre incompleto al que se le niega su
sexo.
—En las novelas, cuando yo era chica, solo
llegaban al beso.
—Buen punto ¿Sabía usted qué venía después del
beso?
—No. Después la heroína aparecía con un hijo y
él se iba con otra.
—Piense en eso también.
—Al final se quedaban juntos, la mayoría de las
veces.
Me acuesto y me toco, busco el bultito sensible
y lo froto por sobre la ropa interior, entonces crece, pero no aparto la tela
que va mojándose mientras los labios se relajan hacia los costados dejando la
entrada roja y untada lista para recibir, palpitando frenética por recibir.
Pienso en él que viene entrando, adivina el cuerpito blando, morado, violento y caliente, que deja
percibir crujidos intermitentes. Viene
entrando, mi boca toca ahora por fin la pared, es la hora irreal es la luz
irreal y ese siseo, ese olor único.
—Qué poética Fanny, hemos abandonado la palabra
coja.
—En absoluto. Coja, coja, coja.
Somos lobos, dos lobos en celo, Los dientes las uñas, colgajos
tibios, líquidos, resbalando, hundiéndose en la tierra. El sol en los
poros, las pieles enrojecidas de mordiscos, las rodillas hincadas sobre el
pasto seco del verano agotador y el mar lejos, lejísimos. Su cuerpo entre la maleza
seca hiriente que le desgarra la espalda y las palmas de mis manos. La cara al
sol, al ardor del sol que enciende su pelo y el mío, nube, que desprende rayos
y agua arrancada de ese mar lejano, agua que corre hasta mi vientre encastrado en
el suyo, también de agua, también de piedra.
—Dejamos acá, Fanny.
—¿Por qué?, pago por una hora.
—Paga por una sesión.
—Pago para esto.
—¿Cómo dice?
—Para esto, para que me detenga y corra a
masturbarse o mejor aún, para que lo masturbe ¿con mi boca tal vez?
—¡Fanny!
—Dale querido, dale que se nos fue la mano
hablando y en cualquier momento llegan los chicos de la escuela.
—Fanny te pintaste la boca de morado, me
volvés loco.
—Ya sé querido, ya sé.
jueves, 22 de marzo de 2012
Y para completarla
Y para completarla a la "nena" la dejó el novio que era medio tarado, pero era novio al fin y al cabo. Al pibe se le habían quemado un par de neuronas porque se le murió el padre en un accidente otro par porque le da al fernet con cola como si se estuviera limpiando con agua bendita y el último par que le quedaba porque la madre se apalomó con un gordo que no trabajó en su real vida de mantenido eterno.
No sé bien qué pasó, no sé si la nena le metió los cuernos (cosa que no me extrañaría) o si el pibe tiene delirio de persecución, la autoestima baja, o sufre alucinaciones.
Lo cierto es que hace diez días que mi hija llora como una Magdalena, lo cual no sería nada grave si no anduviera llorando no solo por la casa sino también por la calle, en el colectivo, en el aula en la facultad y en supermercado.
Inútil tratar de convencerla de que el pibito no la merece, que seguro que no tiene la menor idea de qué hacer con el cuerpo de una mujer (tetona además).
Inútil decirle que se le va a pasar, que va a encontrar un tipo en serio, que mejor perder que encontrar a un señorito que te dice negra puta en medio del boulevard y delante de los amigos que se doblan de la risa en la cara ella. Inútil, la piba lo sigue a sol y a sombra, a la universidad, al boliche, al fútbol; le cae en la casa; cae, esa es exactamente la palabra porque el mozito le dio un empujon y la hizo caer por la escalera.
Ya fui a un psiquiatra y a una psicológa, y hasta a un cura sanador. Nada, solo llanto y para colmo duerme en mi cama lo que significa que recibo patadas toda la maldita y larquísima noche. Además, mientras escribo esto la abuela Rosario no tiene mejor idea que estar barriéndome entre los pies, para recordarme que hoy no barrí. Mi madre llama cada media hora para ver cómo está el "asunto", el asunto es mi hija, claro está y la Cata, para consolarla, le cuenta cómo se le declaró el abuelo y cómo no le dejó tocarle ni una uña hasta el casamiento y qué asqueroso es eso de que anden toqueteando toda.
Las amigas vienen a casa a llorar con ella y si no, la llaman y lloran por teléfono justo al ladito de la tele cuando yo, rendida y medio drogada con mis pastillitas bipolares, intento distrerme viendo cómo lloran por sus respectivos galanes, las protagonistas de las novelas de la tarde.
Hijas y sus Novios, mala combinación para la bipolaridad.
No sé bien qué pasó, no sé si la nena le metió los cuernos (cosa que no me extrañaría) o si el pibe tiene delirio de persecución, la autoestima baja, o sufre alucinaciones.
Lo cierto es que hace diez días que mi hija llora como una Magdalena, lo cual no sería nada grave si no anduviera llorando no solo por la casa sino también por la calle, en el colectivo, en el aula en la facultad y en supermercado.
Inútil tratar de convencerla de que el pibito no la merece, que seguro que no tiene la menor idea de qué hacer con el cuerpo de una mujer (tetona además).
Inútil decirle que se le va a pasar, que va a encontrar un tipo en serio, que mejor perder que encontrar a un señorito que te dice negra puta en medio del boulevard y delante de los amigos que se doblan de la risa en la cara ella. Inútil, la piba lo sigue a sol y a sombra, a la universidad, al boliche, al fútbol; le cae en la casa; cae, esa es exactamente la palabra porque el mozito le dio un empujon y la hizo caer por la escalera.
Ya fui a un psiquiatra y a una psicológa, y hasta a un cura sanador. Nada, solo llanto y para colmo duerme en mi cama lo que significa que recibo patadas toda la maldita y larquísima noche. Además, mientras escribo esto la abuela Rosario no tiene mejor idea que estar barriéndome entre los pies, para recordarme que hoy no barrí. Mi madre llama cada media hora para ver cómo está el "asunto", el asunto es mi hija, claro está y la Cata, para consolarla, le cuenta cómo se le declaró el abuelo y cómo no le dejó tocarle ni una uña hasta el casamiento y qué asqueroso es eso de que anden toqueteando toda.
Las amigas vienen a casa a llorar con ella y si no, la llaman y lloran por teléfono justo al ladito de la tele cuando yo, rendida y medio drogada con mis pastillitas bipolares, intento distrerme viendo cómo lloran por sus respectivos galanes, las protagonistas de las novelas de la tarde.
Hijas y sus Novios, mala combinación para la bipolaridad.
jueves, 15 de marzo de 2012
Al final era Bipolar
no, la Cata no, la Cata es vieja nomás y le irriga mal; yo soy la Bipolar, según mi médico que no, no es psiquiatra, es dermatólogo -me atiende por la rosácea, bueno, antes del diagnóstico B. era rosácea, ahora parece que el asunto en la piel, tiene que ver, junto con cada uno de mis actos, decisiones, sarpullidos, indigestiones, lágrimas, puteadas, compras y la simple y persistente mala suerte, con la gran B., la de BIPOLAR.
El tipo me enchufó el diagnóstico sin anetesia, dice que la autoestima baja, tan evidente por mi estado -qué estado si hasta me teñí antes de la consulta-, no tiene nada con ver con las veces que me han dicho idiota o inútil desde que nací.
Dice que gritarle a mi hija porque si no con los auriculares puestos no me escucha no es normal, es una de los síntomas de la manía. Que si un día me levanto cantando porque decido má sí, me tomo el día para cantar aunque el mundo sea una porquería, eso no es sensatez como yo pensaba, eso es manía, y si me levanto y decido autocompadecerme porque mi marido me fajaba y ni siquiera lo dejé yo, me dejó él -y se quedó con todo, y hablo de lo material, no de la autoestima, que también se la quedó, pero un acto de generosidad que tuvo me dejó la culpa- eso -el cantar- también otro síntoma de la B.
Si mis hijos no me dan bola; mi madre dice que soy la decepción de su vida; la abuela Rosario me hace acompañarla a la misa de la mañana y de la tardecita porque tengo mucho por qué rezar; la Cata se mea encima y después se me caga justo sobre el acolchado recién lavado; si en lugar de bajar, subí de peso mientras me moría de hambre; todo eso no justifica una simple tristeza por un día, no señor, eso es depresión.
Y así, como todo es manía o depresión, estamos ante la B. y por lo tanto hay que medicar. Y me medicó.
Ahora me doy con a una pastillita blanca para no estar triste y con una anaranjada para no estar demasiado alegre.
Tengo la boca como si fuera de papel y me veo como si tuviera ictericia, porque las inofensivas pastillitas provocan efectos secundarios como boca seca, irritación, engordar, insomnio, teñido de la piel de color amarillo. Encima y para completarla, disminuyen o más bien anulan el deseo sexual, ahora ni esa sana diversión de hacerme el coco con los galanes de las novelas de la noche mientras me imagino que es a mí a quien besan voy a tener. Me pregunto ¿ ahora me van a dar asco?
¿El asco a ver besarse a otros mientras una no tiene con quien besarse es depresión o manía?
Se lo voy a preguntar al dermatólogo
El tipo me enchufó el diagnóstico sin anetesia, dice que la autoestima baja, tan evidente por mi estado -qué estado si hasta me teñí antes de la consulta-, no tiene nada con ver con las veces que me han dicho idiota o inútil desde que nací.
Dice que gritarle a mi hija porque si no con los auriculares puestos no me escucha no es normal, es una de los síntomas de la manía. Que si un día me levanto cantando porque decido má sí, me tomo el día para cantar aunque el mundo sea una porquería, eso no es sensatez como yo pensaba, eso es manía, y si me levanto y decido autocompadecerme porque mi marido me fajaba y ni siquiera lo dejé yo, me dejó él -y se quedó con todo, y hablo de lo material, no de la autoestima, que también se la quedó, pero un acto de generosidad que tuvo me dejó la culpa- eso -el cantar- también otro síntoma de la B.
Si mis hijos no me dan bola; mi madre dice que soy la decepción de su vida; la abuela Rosario me hace acompañarla a la misa de la mañana y de la tardecita porque tengo mucho por qué rezar; la Cata se mea encima y después se me caga justo sobre el acolchado recién lavado; si en lugar de bajar, subí de peso mientras me moría de hambre; todo eso no justifica una simple tristeza por un día, no señor, eso es depresión.
Y así, como todo es manía o depresión, estamos ante la B. y por lo tanto hay que medicar. Y me medicó.
Ahora me doy con a una pastillita blanca para no estar triste y con una anaranjada para no estar demasiado alegre.
Tengo la boca como si fuera de papel y me veo como si tuviera ictericia, porque las inofensivas pastillitas provocan efectos secundarios como boca seca, irritación, engordar, insomnio, teñido de la piel de color amarillo. Encima y para completarla, disminuyen o más bien anulan el deseo sexual, ahora ni esa sana diversión de hacerme el coco con los galanes de las novelas de la noche mientras me imagino que es a mí a quien besan voy a tener. Me pregunto ¿ ahora me van a dar asco?
¿El asco a ver besarse a otros mientras una no tiene con quien besarse es depresión o manía?
Se lo voy a preguntar al dermatólogo
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Otra vez
Otra vez en casa. Qué bueno. Me recuperé. Al final era que me había atropellado un auto, camioneta, para ser más precisa.
Listado paara navidad:
ensalada Waldorf, ensalada César, ensalada con rúcula y peras, ensalada de tomates (porque el Lucho no como cosas raras)
budín sin almendras (para mi hermana la alérgica, que como es Licenciada no cocina sólo "licencia")
matambrito relleno (porque Rosario dice que así es como si estuviera todavía al abuelo -Dios nos libre nos guarde y no lo suelte)
vitel toné (para Cata, para recordar al finadito que la amaba con locura, con locura por el vitel toné)
pollo relleno -calentito- (para mi hermano el mayor que no come nada frío)
mixtos de jamón y queso (porque los chicos no comen lo que comen los grandes, les da asco)
¿Por qué no se van todos a cagar?
---Otra vez en Navidad y el pescado sin vender
---No seas grosero Lucho. ¡Encima que hace como quince años que te hace el tuco la cargás! Ya te dije, no es por vos Bea no es por vos pero ya le dije que con el climaterio estoy engordando que el tuco y los tallarines del domingo son veneno mirá, veneno para mí. No es por vos Beas querida pero son veneno ¿Podría ser un poco solidario no te pareece?
---Sí Marta
Y de paso dejarse de joder con el tuco "como lo hacía la abuela" que después lo repetimos hata el lunes a la tardecita cuando finalmente nos decidimos a tomarnos una hepatalgina.
---¿No lo podés hace más livianito?
---En eso pensaba.
Más liviano sería dejar de tener que levantarme a las siete de la mañana para que el tuco cocine las cuatro horas a fuego lento así todo se "concentra", como decía la Cata cuando todavía el tuco no se le había ido por la arterias hasta el cerebro.
Cata empequeñece desde hace años. Se va a chicando, yo creo que va a desaparecer. La Cata no se va a morir va a desaparecer en el aire. Mientras tanto, con el cerebro que le irriga poco (así dice la abuela Rosario), la Cata la pasa de diez ajena a la cotidianeidad y las buenas costumbres que solía tener antes de enfermarse.
A Cata le gusta ver las novelas, si tiene un buen día, si no, le gusta sacar la lengua, escaparse, putear, contar una y otra vez cómo el abuelo le pidió casamiento o cómo logró que las chicas del pueblo se secaran la henagua de abajo, porque en su época las mujeres usaban una henagua de la cintura para abajo y otra tipo vestido debajo del vestido.
Lucho tiene la teoría de que no fue el tuco lo que le frió el cerebro a Cata, sino andar de negro cuatro años cuando murió el abuelo. Es que el abuelo murió en pecado mortal y además pecando con la Cata, claro que esa historia está guadada bajo siete llaves, o eso cree la abuela Rosario, que fue la que le aconsejó que dijera que se despertó por un ronquido de él y salió a buscar al médico que vivía enfrente y cuando llegaron, corriendo, el abuelo ya estaba muerto. En fin, después de todo, las tres cuartas partes de la historia es cierta: ella salió corriendo hasta la casa de enfrente que era donde vivía el médico. Cuando llegaron el abuelo estaba muerto, y no tenía precisamente una sonrisa, porque ese asunto de que morir a mitad del coito es una muerte feliz, también es un mito.
Listado paara navidad:
ensalada Waldorf, ensalada César, ensalada con rúcula y peras, ensalada de tomates (porque el Lucho no como cosas raras)
budín sin almendras (para mi hermana la alérgica, que como es Licenciada no cocina sólo "licencia")
matambrito relleno (porque Rosario dice que así es como si estuviera todavía al abuelo -Dios nos libre nos guarde y no lo suelte)
vitel toné (para Cata, para recordar al finadito que la amaba con locura, con locura por el vitel toné)
pollo relleno -calentito- (para mi hermano el mayor que no come nada frío)
mixtos de jamón y queso (porque los chicos no comen lo que comen los grandes, les da asco)
¿Por qué no se van todos a cagar?
---Otra vez en Navidad y el pescado sin vender
---No seas grosero Lucho. ¡Encima que hace como quince años que te hace el tuco la cargás! Ya te dije, no es por vos Bea no es por vos pero ya le dije que con el climaterio estoy engordando que el tuco y los tallarines del domingo son veneno mirá, veneno para mí. No es por vos Beas querida pero son veneno ¿Podría ser un poco solidario no te pareece?
---Sí Marta
Y de paso dejarse de joder con el tuco "como lo hacía la abuela" que después lo repetimos hata el lunes a la tardecita cuando finalmente nos decidimos a tomarnos una hepatalgina.
---¿No lo podés hace más livianito?
---En eso pensaba.
Más liviano sería dejar de tener que levantarme a las siete de la mañana para que el tuco cocine las cuatro horas a fuego lento así todo se "concentra", como decía la Cata cuando todavía el tuco no se le había ido por la arterias hasta el cerebro.
Cata empequeñece desde hace años. Se va a chicando, yo creo que va a desaparecer. La Cata no se va a morir va a desaparecer en el aire. Mientras tanto, con el cerebro que le irriga poco (así dice la abuela Rosario), la Cata la pasa de diez ajena a la cotidianeidad y las buenas costumbres que solía tener antes de enfermarse.
A Cata le gusta ver las novelas, si tiene un buen día, si no, le gusta sacar la lengua, escaparse, putear, contar una y otra vez cómo el abuelo le pidió casamiento o cómo logró que las chicas del pueblo se secaran la henagua de abajo, porque en su época las mujeres usaban una henagua de la cintura para abajo y otra tipo vestido debajo del vestido.
Lucho tiene la teoría de que no fue el tuco lo que le frió el cerebro a Cata, sino andar de negro cuatro años cuando murió el abuelo. Es que el abuelo murió en pecado mortal y además pecando con la Cata, claro que esa historia está guadada bajo siete llaves, o eso cree la abuela Rosario, que fue la que le aconsejó que dijera que se despertó por un ronquido de él y salió a buscar al médico que vivía enfrente y cuando llegaron, corriendo, el abuelo ya estaba muerto. En fin, después de todo, las tres cuartas partes de la historia es cierta: ella salió corriendo hasta la casa de enfrente que era donde vivía el médico. Cuando llegaron el abuelo estaba muerto, y no tenía precisamente una sonrisa, porque ese asunto de que morir a mitad del coito es una muerte feliz, también es un mito.
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